
Desde un tiempo a esta parte ha aparecido un comercial de cierta marca de café, en la que se intenta demostrar que los buenos momentos para una pareja están finalmente ligados a una taza de café. El comercial se presenta, para quienes no lo conocen, haciendo una serie de preguntas; estas van surgiendo a raíz de diversas situaciones que le ocurren a diferentes parejas, como por ejemplo aparece una pareja que se besa y una voz en off femenina nos pregunta: ¿qué es mejor: tomar la iniciativa…? Para posteriormente surgir una voz masculina que nos dice: ¿…o dejarte llevar? El objetivo de la publicidad, como he dicho, es vincular al café con momentos de pareja, mostrándonos una serie de circunstancias agradables cuando se está enamorado para convencernos de que un buen café podría ayudar en estos momentos
Pero el objetivo de esta reflexión no es evaluar si el comercial dice la verdad con respecto a la dualidad buen momento-café, sino que quiero centrarme en un momento del comercial que no dura más de 10 segundos, pero que resultó muy significativo para mí.
Una nueva voz en off nos pregunta si es mejor cuando extrañamos o cuando nos extrañan, y en la escena un hombre que se baja de un tren con gestos de buscar a alguien para luego aparecer una mujer que corre y lo abraza siendo evidente el estado de compromiso entre ellos.
Lo que me resultó bastante perturbador fue la pregunta que se nos hace como espectadores. En este último tiempo he tenido que aprender a extrañar cada semana a alguien importantísimo en mi vida, quien por motivos que escapan a nuestro control, debe viajar cada semana, regresar únicamente por un par de días y luego volver a partir. Es éste hecho lo que me ha hecho a lo largo del tiempo fortalecer mi paciencia, calmar mis ansias y aceptar que a veces las circunstancias no son siempre las más cómodas. Pero creo que cuando tienes conocimiento de que una situación que no te es agradable y tratas todos los días de no pensar en ello, de ver las cosas de una manera más positiva, es chocante que de un instante a otro te restrieguen en la cara esta situación desasgradable. Lo digo porque fue lo que me pasó cuando vi esos 10 segundos del comercial.
Luchar a diario con una realidad que no te es grata es difícil, pero lo es más cuando hay situaciones que te lo recuerdan. No pasa por un tema del comercial, evidentemente esa no era la intención, sino que pasa, por ejemplo, cuando vez a parejas felices que pueden caminar juntos de la mano cuando lo deseen, que un beso de buenas noches no es por teléfono, e incluso, que tienen el tiempo para discutir sus problemas.
La pregunta del comercial resultó ser una gota más que se cayó del vaso, una de las tantas anteriores que ya han caído. No recuerdo cual ni cuando fue que se rebalsó, porque aun cuando el vaso ya esté lleno, qué puedo hacer. Las circunstancias de mi relación son así y deberé seguir cultivando mi paciencia y mi tolerancia. Seguramente aparecerán otros comerciales perturbadores, veré más parejas de la mano y seguiré diciendo buenas noches por teléfono; pero aún cuando a veces proteste y haga algunas cosas sin pensar, como auto secuestrarme, fue el camino que elegí.
Sólo tengo una cosa más que agregar. A la pregunta de que si es mejor extrañar o que te extrañen, ya tengo mi respuesta: es mucho mejor no tener que hacerlo.
Pero el objetivo de esta reflexión no es evaluar si el comercial dice la verdad con respecto a la dualidad buen momento-café, sino que quiero centrarme en un momento del comercial que no dura más de 10 segundos, pero que resultó muy significativo para mí.
Una nueva voz en off nos pregunta si es mejor cuando extrañamos o cuando nos extrañan, y en la escena un hombre que se baja de un tren con gestos de buscar a alguien para luego aparecer una mujer que corre y lo abraza siendo evidente el estado de compromiso entre ellos.
Lo que me resultó bastante perturbador fue la pregunta que se nos hace como espectadores. En este último tiempo he tenido que aprender a extrañar cada semana a alguien importantísimo en mi vida, quien por motivos que escapan a nuestro control, debe viajar cada semana, regresar únicamente por un par de días y luego volver a partir. Es éste hecho lo que me ha hecho a lo largo del tiempo fortalecer mi paciencia, calmar mis ansias y aceptar que a veces las circunstancias no son siempre las más cómodas. Pero creo que cuando tienes conocimiento de que una situación que no te es agradable y tratas todos los días de no pensar en ello, de ver las cosas de una manera más positiva, es chocante que de un instante a otro te restrieguen en la cara esta situación desasgradable. Lo digo porque fue lo que me pasó cuando vi esos 10 segundos del comercial.
Luchar a diario con una realidad que no te es grata es difícil, pero lo es más cuando hay situaciones que te lo recuerdan. No pasa por un tema del comercial, evidentemente esa no era la intención, sino que pasa, por ejemplo, cuando vez a parejas felices que pueden caminar juntos de la mano cuando lo deseen, que un beso de buenas noches no es por teléfono, e incluso, que tienen el tiempo para discutir sus problemas.
La pregunta del comercial resultó ser una gota más que se cayó del vaso, una de las tantas anteriores que ya han caído. No recuerdo cual ni cuando fue que se rebalsó, porque aun cuando el vaso ya esté lleno, qué puedo hacer. Las circunstancias de mi relación son así y deberé seguir cultivando mi paciencia y mi tolerancia. Seguramente aparecerán otros comerciales perturbadores, veré más parejas de la mano y seguiré diciendo buenas noches por teléfono; pero aún cuando a veces proteste y haga algunas cosas sin pensar, como auto secuestrarme, fue el camino que elegí.
Sólo tengo una cosa más que agregar. A la pregunta de que si es mejor extrañar o que te extrañen, ya tengo mi respuesta: es mucho mejor no tener que hacerlo.

1 comentarios:
Querida niña bonita...
yo sí te extraño...
besos mexicanos, Monique.
Publicar un comentario